Es curioso el universo de los secretos. Hay algunos que tienen vida breve, no se pueden sostener por mucho tiempo y pronto la necesidad de contarlos se vuelve imperiosa. Hay otros que se llevan a la tumba, a veces por promesa a un otro, a veces por fidelidad a uno mismo. Hay secretos jóvenes y viejos, los hay “a todas voces”, los hay fiscales o de Estado. Y están los que se confiesan cuando uno no esperaba hacerlo. Recuerdo cuando a mis once años en un recreo de mi colegio les conté a algunas amigas que soy gay. Fue algo espontáneo, pero no por eso dejó de ser liberador y transformador para mí. Pasó de ser carga a tesoro.
¿Cómo les trata este calor horrendo? Por mi parte, debo decir que no me salvé de los cortes de luz que tuvieron lugar esta semana. No me llevo nada bien con el calor. Quizás por necesidad de contacto con el agua y en busca de rumbos marítimos, decidí zambullirme en Segunda princesa*, el unipersonal de y por Alejandro Schiappacasse, que actualmente cuenta con una función el próximo miércoles en el bello teatro Picadero. Este drama pesquero teatral, como bien indica su afiche, nos presenta a un entrañable protagonista que espera en una comisaría. Julito, “el Polaco” (Schiappacasse), comienza la obra hablándole a la Virgen. Lo que sucede es que en otra sala a su amigo, “el Correntino”, le está tomando declaración la policía. La culpa de que los hayan detenido, explica el protagonista, es del perro Tadeo.
Julito contará la historia de su vida, que es también la de su relación con Walter, “el gordo”, quien timoneaba el barco antes que el Correntino, y a Laura. Cuando Walter desaparece del barrio dejando a su pareja Laura a cargo de sus hijos, Julito finalmente logra estar con su amor de toda la vida. Ella lo va a buscar al puerto, como si se tratara de una película. Y Julito la alza en brazos, como si se tratara de un gran y hermoso premio, de aquella pesca tan ansiada y con la que tras años de esfuerzo se consigue dar. De esos premios que no dan ganas de soltarlos. Son lindas las metáforas que elabora el personaje con imágenes y figuras propias del universo temático. Así, de un personaje dirá que es un surubí, por el manejo nato que tiene de la pesca y la cocina. También es relevante, aunque no adelantaré el porqué, la escena del carnaval en el barrio.
La obra destaca por la actuación de Schiappacasse, quien compone un personaje que aparenta ser sencillo al principio pero que muestra sus complejidades a medida que avanza la obra. Con mucho humor, imitaciones del sonido del barco incluidas, pero también solemnidad, el personaje nos permite adentrarnos en un mundo que pocas veces aparece en el teatro. Para mantener la atención y el suspenso, sin embargo, utiliza un componente conocido: el secreto ¿Por qué esos hombres están detenidos en la comisaría? ¿Qué está declarando el correntino (pésimo timonero, según deja entrever Julito)? Hacia el final de la obra el secreto será develado -pero lo mantendré fuera del Newsletter, fiel a mi estilo-. Como esos secretos que son confesados cuando menos se lo espera. Como un tesoro que, debajo del mar, aún no fue alcanzado por esas redes con las que trabajan estos personajes.
*Si al terminar de leer esta reseña, te quedaste con ganas de ver esta hermosa obra, acá te dejo el link para sacar las entradas:
Para ver las publicaciones anteriores, podés cliquear aquí.
Si te gustó este posteo, podés ayudarme compartiendo dándole clic al botón que está aquí abajo.
Si te reenviaron este mail y te interesa que te llegue este newsletter a tu casilla, podés suscribirte cliqueando el botón que figura abajo.
Para comentar este posteo, podés cliquear debajo.


